29 de Abril: Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones
Somos engranajes necesarios para la sociedad que necesitamos: cohesionada, justa y equitativa.
El 29 de abril conmemoramos el Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones, una fecha impulsada por la Unión Europea desde 2009 para fomentar el entendimiento mutuo entre personas de distintas generaciones y la colaboración como base de una sociedad más cohesionada, justa y equitativa.
Pero este texto no nace de una efeméride. Nace de una sacudida. El verdadero detonante de estas líneas ha sido algo más profundo e íntimo: la lectura del artículo de El País “Crónica fotográfica desde el interior de la dependencia”. En él, Paco Puentes retrata sin filtros la historia de su padre Francisco (dependiente), la de su madre Carmen (cuidadora principal) y la suya propia, generosamente relegada a un papel secundario.
Al leer a Paco me he convencido de que este “29 de abril” no puedo quedar solo en una fecha en el calendario. Debe ser un recordatorio urgente: la solidaridad entre generaciones no es un ideal, es una necesidad. Una necesidad que, hoy más que nunca, exige acciones concretas, no solo palabras.
Un sistema Atención a la Dependencia que no responde como se espera
La historia de Paco tiene el final más feliz posible dentro de una sociedad que carece de recursos para responder a la avalancha de dependencia que nos asola. Su testimonio visibiliza una realidad que las estadísticas no alcanzan a medir. Quienes nos vemos identificados en su relato sabemos que es el reflejo de una sociedad envejecida que carece de recursos y, lo que es peor, de conciencia sobre la urgencia del problema: ya vamos tarde.
Nuestra sociedad ha fallado a quienes, tras un largo sufrimiento físico y mental, agravado por la naturaleza enrevesada de la burocracia administrativa, no han recibido la respuesta que merecían. También falla a quienes sufren hoy y a quienes, aun obteniendo una plaza residencial, se encuentran con un modelo asistencial que no ofrece la humanidad esperada, pese a los esfuerzos de los excelentes profesionales.
El sistema público se muestra incapaz de plantear medidas reales ante este escenario. No hablo solo de quienes esperan en el laberíntico procedimiento para una plaza pública , sino de esas personas desesperadas que ni siquiera logran iniciar la tramitación y buscan respuestas de la Política de Atención a la Dependencia (estatal) en centros de salud (autonómicos) o cívicos (municipales) donde los profesionales de carne y hueso, saturados, no pueden atenderlas porque no disponen de suficientes recursos. Que los responsables políticos de cada ámbito decidan a quienes les corresponde asumir el mal uso de sus competencias.
En conclusión, no estamos ante casos aislados. Estamos ante el fallo estructural de un modelo. Vivimos en una sociedad envejecida que no ha dimensionado (ni en recursos ni en conciencia) el impacto de la dependencia. Las estadísticas lo llevan décadas advirtiendo. Aun así, llegamos tarde.
Falla el sistema cuando el ciudadano se pierde en un laberinto administrativo sin puertas claras de entrada, derivando entre administraciones que no asumen competencias mientras los servicios públicos se saturan:
- quienes necesitan ayuda no la reciben a tiempo;
- quienes cuidan lo hacen hasta el agotamiento;
- quienes acceden a recursos asistenciales no encuentran siempre la humanidad que esperan, pese al esfuerzo de la mayoría de los profesionales.
Los datos no son nuevos. Las proyecciones tampoco. Por eso, la responsabilidad política no es solo por lo que se ha hecho, sino por lo que no se ha hecho. Planificar significa anticipar. Y aquí no se ha anticipado lo suficiente. Hablar de dependencia como problema privado es un error de base. Es, y será cada vez más, una cuestión colectiva.
Esta realidad no debería sorprender a quienes ocupan puestos de representación institucional. Tienen la responsabilidad de lo hecho y de lo omitido, ya que los datos son conocidos desde hace décadas. Las estadísticas, señores políticos, no son solo herramientas para maximizar el rédito electoral a corto plazo; sirven para anticipar las necesidades de una sociedad en evolución.
De la experiencia personal a la urgencia colectiva
Confieso que, tras expresarme en los últimos párrafos, en este momento mezclo sentimientos de preocupación y enfado, al pensar en mi propio turno en la cola de la jubilación o de acceso a una plaza asistencial (cuando sea necesario).
Me niego a caer en el desaliento o, al menos, en permanecer en silencio por más tiempo. Convertiré esas emociones negativas en la energía necesaria para intentar dar un nuevo impulso a un proyecto de hace casi dos décadas.
En la primavera de 2007, un grupo de miembros de la Universidad de Córdoba (UCO) planteamos una iniciativa que en aquel momento creíamos podría ser útil: crear infraestructuras en nuestros Campus que promuevan la solidaridad y cooperación entre personas de diferentes edades para mejorar su calidad de vida y optimizar el uso de recursos, atendiendo necesidades que abarcan desde la infancia hasta la vejez. No buscábamos solo soluciones asistenciales, sino mejorar la calidad de vida mediante la Solidaridad Intergeneracional, optimizando los escasos recursos disponibles.
En mi caso, aquel proyecto nació coincidiendo con el nacimiento de mi hijo y empezaba a darme cuenta de lo difícil que era conciliar las nuevas necesidades familiares con las laborales. Pero, al mismo tiempo, tomé conciencia de que compartía campus con compañeros cuyos "dependientes" estaban al otro lado de la montaña de la vida: sus mayores. Juntos, iniciamos el camino del proyecto que denominamos “Campus Intergeneracional en la UCO”: https://campusintergeneracional.encordoba.es
Historia del proyecto “Campus Intergeneracional en la UCO”
El histórico del proyecto, cuando se acaban de cumplir los 19 años de su creación, refleja una trayectoria que comenzó con gran impulso institucional y técnico hace casi dos décadas, pero que se ha visto frenada por la falta de recursos públicos. Aunque la base técnica y la necesidad social han estado presentes, el proyecto sigue pendiente de un compromiso firme que lo rescate de la teoría para convertirlo en una infraestructura real.
Desde su concepción en marzo de 2007, el proyecto del Campus Intergeneracional en la UCO se consolidó como una iniciativa estratégica impulsada por la comunidad universitaria y respaldada por sus equipos de gobierno para transformar el espacio académico en un referente de convivencia intergeneracional. Nos llegaron a decir que éramos visionarios, pero simplemente nos inspiramos en modelos innovadores, como el campus de Blacksburg de la Universidad Virginia Tech. Durante esta etapa de difusión, el proyecto forjó alianzas fundamentales, logrando el compromiso de la Junta de Andalucía tras reuniones clave con la Consejería de Igualdad y Bienestar Social, además de contar con el aval técnico de Mariano Sánchez (profesor de la UGR, referente del IMSERSO y en Políticas Intergeneracionales), quien validó internacionalmente la solidez de la propuesta. Hasta el año 2018, el histórico de la iniciativa muestra una maduración constante a través de diversas fases de implementación inspiradas en modelos de vanguardia, con el objetivo de optimizar los recursos públicos y garantizar una respuesta asistencial humana que uniera las necesidades de todas las etapas de la vida.
En 2017 se inició la primera convocatoria de los campamentos tecnológicos, programas de actividades educativas y de ocio estivales para menores de entre 3 y 16 años que, en el marco del Campus Intergeneracional de la UCO, promovían la conciliación de la vida laboral y familiar de la comunidad universitaria mediante talleres de robótica, programación, gastronomía y ciencia desarrollados en el entorno universitario.
Desde el primer momento, se obtuvo el compromiso de aquel equipo de gobierno de la UCO y se ha ido renovando con los sucesivos rectorados. De hecho, nuestro actual rector, Manuel Torralbo, y único candidato a la reelección para el periodo 2026-2032, conoce el “Proyecto del Campus Intergeneracional en la UCO” desde sus mismos inicios. Al haber formado parte del equipo de gobierno de 2008, cuando esta aspiración comenzaba a esbozarse, posee la perspectiva necesaria para impulsar el “Campus Intergeneracional”.
El peso de la desilusión y el impulso de la necesidad
Aun renovándose el compromiso de los equipos de gobierno de nuestra Universidad, desde 2019 nos encontramos en una "espera inactiva", atrapados en el barbecho de la desmotivación, ya sea por no encontrar el imprescindible apoyo real de las instituciones competentes o por el desgaste de nuestra propia ilusión.
Asumo en primera persona la responsabilidad en la pérdida de impulso de los promotores sociales. Desde 2019 mis prioridades cambiaron drásticamente. He pasado de cuidar a un hijo menor a volcar todos mis esfuerzos en mi madre y mis suegros. En este proceso, he vivido en primera persona el “síndrome del cuidador quemado”, esa fragilidad invisible donde las costuras de las redes familiares se tensan hasta el límite, intentando sostener por puro afecto lo que el sistema público ha dejado caer. Tras años de batallas administrativas que comenzaron en plena pandemia, hoy mis suegros cuentan con plazas residenciales. Ahora, la lucha sigue por mi madre de 86 años, cuya mente cree que puede vivir sola mientras la realidad médica exige supervisión constante, las 24 horas del día.
Sin embargo, me niego a que el evidente agotamiento sea el punto final, sino el combustible para un nuevo e inaplazable impulso.
Tal como ya he mencionado, el impacto emocional de leer la "Crónica fotográfica desde el interior de la dependencia" de Paco Puentes ha removido algo profundo en mi interior, recordándome que mi cansancio es el espejo de miles de familias que ni las estadísticas pueden contar. Al compartir tiempo con otras personas mayores en la residencia de mis suegros y chocar diariamente contra el laberinto burocrático del “Reconocimiento de la Dependencia”, ese muro de solicitudes y esperas que desborda a profesionales y familias por igual, la indignación se transforma en motor. Ya no se trata solo de reactivar el proyecto, sino de una necesidad vital de supervivencia: debemos derribar los muros invisibles que nos separan y exigir infraestructuras de calidad como el “Campus Intergeneracional”, porque una sociedad sana no puede funcionar como compartimentos estancos, sino como engranajes de apoyo mutuo donde el cuidado sea, por fin, una responsabilidad colectiva.
De la parálisis de las administraciones a la acción colectiva
La sociedad envejecida no es una previsión de futuro; ya está aquí. Ya no basta con ideas visionarias; se trata de sobrevivir con dignidad hasta el fin de nuestros días.
Aunque el concepto de “Campus Intergeneracional” fue innovador en su día y hoy ya existen infraestructuras similares, pero el problema para materializar nuestro proyecto persiste: faltan recursos públicos, lo que hace que estas iniciativas sigan dependiendo de la financiación privada, dificultando el acceso a quien no pueda pagarlo, salvo que se faciliten medidas sociales que lo faciliten.
En el contexto de la conmemoración del Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones, terminaré dirigiéndome a los principales responsables de hacer posible la creación de este tipo de infraestructuras.
Comenzaré por reconocer a nuestro Rector Manuel Torralbo que resulta esperanzador comprobar que ha vuelto a plasmar su compromiso histórico en su actual programa electoral (La UCO que quieres). Específicamente, dentro del eje estratégico de “Igualdad, Inclusión y Compromiso Social”, el Rector ha formulado el “Objetivo 2. Impulsar un modelo de conciliación corresponsable y cultura de los cuidados” Bajo este objetivo, se han incluido compromisos explícitos que recogen el corazón de nuestro proyecto: la obligación de "explorar el desarrollo progresivo de un modelo de Campus Intergeneracional en la UCO como infraestructura social orientada a la conciliación, el aprendizaje a lo largo de la vida y la interacción entre generaciones" (compromiso 2.4); la voluntad de "fomentar el desarrollo de iniciativas intergeneracionales que promuevan el aprendizaje mutuo, el envejecimiento activo y la participación de diferentes grupos de edad" (compromiso 2.5); y dar pasos firmes en infraestructuras al "establecer acuerdos con escuelas infantiles del entorno y explorar la incorporación de servicios de ludoteca y de atención diurna para personas mayores, avanzando hacia un modelo integral de cuidados" (compromiso 2.6). Ahora, con un nuevo mandato de seis años por delante, es el momento de exigir que esta responsabilidad compartida trascienda los programas electorales. Ha llegado la hora de despertar de esta “espera inactiva” y transformar, de una vez por todas, las promesas en una estructura permanente que garantice una verdadera sociedad para todas las edades.
El compromiso del Rector Manuel Torralbo, con un mandato de seis años por delante, es el momento de que la Universidad y las instituciones competentes conviertan estas promesas en el engranaje real que nuestra sociedad necesita desesperadamente. Por lo tanto, continuaré enviando un mensaje simple al resto de responsables de las instituciones competentes, quienes tienen hoy la obligación de tomar decisiones que afectarán nuestro futuro común: sitúen el cuidado en el centro de la agenda pública. La dependencia no debe ser un problema privado, sino una responsabilidad colectiva. Aprovechen la existencia de propuestas de colaboración entre instituciones.
Solidaridad Intergeneracional: Hoy por ti, mañana por mí. Siempre juntos.
La sociedad envejecida no es el futuro. Es el presente. Seguir aplazando decisiones solo agrava el problema. Las soluciones existen. Los modelos están probados. Las necesidades son evidentes. Falta lo esencial: ejecución.
La solidaridad intergeneracional no es un lema bonito. El futuro común se construye Cooperando con Solidaridad Intergeneracional, no con muros.
Por ello, levanto la voz para pedir atención:
- A la Universidad de Córdoba y a su equipo de gobierno: existe un compromiso explícito con el modelo de Campus Intergeneracional. El contexto, el conocimiento y la oportunidad están alineados. Es el momento de actuar para materializarlo.
- A las instituciones públicas: sitúen el cuidado en el centro de la agenda. La dependencia no puede seguir externalizándose a las familias. Es una responsabilidad colectiva.
- Al conjunto de la sociedad: esto no va de “otros”. Va de todos. De nuestros menores. De nuestros mayores. De nosotros mismos.
El 29 de abril de 2026 no es solo un día; es una llamada a despertar. Solo puede haber una respuesta simple para una pregunta sencilla: ¿Vamos a seguir esperando a que el sistema colapse, o construiremos juntos el engranaje que nos salve como sociedad más cohesionada, justa y equitativa? Hoy por ti. Mañana por mí. Siempre juntos.
